9.14 Ultima audiencia del Shah

(augusto de 1619)


La noche siguiente quiso el rey que los Enbaxadores viesen las mesmas luminarias desde el terrado de su casa, que como ya se a dicho cae sobre el Maydan, y es aquella torre de muchos suelos que haze perspectiua á aquella gran plaza, por ser aquel, fuera de los alcoranes, el lugar más eminente de toda la ciudad. Y para que estuuiese mas cómodo aquella noche, le auia el rey mandado algunos dias atrás hazer alderredor de todo él un parapeto en que arrimados á él pudiesen ver á plazer la gente y luminarias de la plaza de la ciudad y colonias, y muchas claraboyas en el mesmo parapeto para gozar de la mesma vista los que estuuiesen sentados en el suelo del terrado.
Mandó el rey juntar alli, luego que cerró la noche, los Enbaxadores y otros huespedes, en que entraron los ingleses y los religiosos de anbos conuentos, que solian ser llamados, estando cubierto de alhonbras lo más cercano alderredor del pretil, y porque el rey no se halló presente esta noche para rrecibir y festejar los Enbaxadores, demás de otros muchos ministros y criados suyos estauan alli Hilao Cham, el regulo de los Curdos que vino con el Enbaxador de España la mayor parte del camino de Casbin para Spahan, y Emancolichan, soltan de Xiras.
La estancia del terrado estaua mas apazible que la de la noche precedente porque no auia arriba luminarias, mas de la luz de la luna, y con esto y ser el sitio tan alto el aire refrescaua á todos, aunque las muchas garrafas de vino encendian á los mas. Mandó tanbien venir aquella noche la familia del Enbaxador de España, y con ser la fiesta tan de proposito que las alhonbras delante de todos estauan cubiertas con tazas y garrafas de oro con muchas diferencias de vinos, no auia mas colación que platos de unas ciruelas muy gruesas que en España en la prouincia de Estremadura vulgarmente llaman hartavellacos, por ser la peor y mas grosera specie de ciruelas. Aunque las que esta noche alli se pusieron, con ser de la mesma calidad y tamaño que en España, parescieron muy buenas á los que las comieron, ó por no auer otra cosa ó porque careciendo Persia de buenas ciruelas, aunque abundante de las demas frutas en toda perfeccion, estas lo parecieron entonces.
Enbiose á escusar el rey de no auer salido, por no hallarse aquella noche bueno, aunque se entendió que estaua en el ultimo y mas superior quarto de aquella torre que caia debaxo del mesmo terrado, con algunas mugeres de su árame teniéndolo diputado y preuenido con tanta curiosidad para actos semejantes, como ya queda dicho en la discripcion de Spahan.
Gastóse alli gran parte de la noche con hermossissima perspectiva de las muchas luminarias y cohetes, y con el gran número de gente que en el Maydan andaua, y la fortaleza, aunque algo lexos, estaua muy hermosa, llenas las murallas y torres de infinitas luzes, siendo las fiestas mucho mejor que las pasadas por auer dado licencia mas tenprano á todos para rrecogerse á sus posadas.
Con lo qual se concluyeron las fiestas que con quanto cuydado pudo el rey de Persia hizo á los Enbaxadores en Spahan, las quales se an puesto tan particularmente, no por la grandeza dellas, sino porque se conozca que todos estos reyes orientales, aunque en la aparencia exterior barbaros, conforme á las costunbres de Europa, pero en las esenciales mas atentos y sobrios que las naciones del Occidente, y ansí con poco fausto y mucho menos costa celebran sus fiestas y entretenimientos públicos.

Y porque se acercaua su quaresma y ayuno del Ramadan, general á todos los mahometanos, y el rey quería hallarse en aquella sazón fuera de Spahan, se dio quanta prisa pudo el Enbaxador para quedar despachado y poderse partir á Ormuz por los primeros de Agosto, y ansi el rey le mandó dar sus paravanas ó provisiones para todo lo necesario para su viage.
Y á dos de Agosto le enbió á auisar se hallase aquella noche en el Maydan, porque alli quería darle audiencia á él y á los demás Enbaxadores y despedirse dellos. Halláronse todos á las nueue de la noche en el Maydan, con muchas hachas, que son aquella forma de lanpiones que va se an dicho, y quando el Enbaxador de España llegó estauan ya todos los otros á cauallo, con otra mucha gente que auia acudido, junto á la puerta del árame, aguardando á que el rey saliese, y ansi estuuieron mas de una ora. El Enbaxador, visto las muchas lumbres y tanta gente junta como estaua á la puerta del árame, y como hiziese gran calor, se quedó lexos de los demas, casi en medio de la plaza, auiendo llegado allí los priores de los conuentos y sus conpañeros, por auer tanbien de tratar el Enbaxador con el rey se les diese licencia para labrar sus casas, no auiendo aun hasta entonces tenido mas de permisión para rresidir en ellas.

En esto comenzó á salir el rey á cauallo con muchos de los ministros y criados de su corte, y cantidad de aquellos lanpiones de plata que terna el verano atrás en Casbin, y sin detenerse con nadie de los que le aguardauan á la puerta, y guiandolo el Maymandar, se vino adonde estaua el Enbaxador, diziendo él mesmo lo que otras vezes: ¡Hispania, Hispania! Y llegando el Enbaxador á hazerle cortesía le dixo: ¿qué es lo que me queréis dezir de parte del rey de España, mi ermano?; que aquí vengo á oíros y ver tanbien si de vuestra parte queréis pedirme alguna cosa. El Enbaxador, creyendo que solo queria oirle tan sumariamente y dexarlo, le respondió: lo que yo quiero dezir á V. A. de parte del rey mi señor es lo mesmo que propuse en el Maydan de Casbin y después escriuí á Farabat con fray Melchior de los Angeles; y de mi parte solamente licencia para partirme luego á Ormuz, y que á estos Padres se la dé V. A. tanbien y los fauorezca para poder labrar sus casas. Entonces dixo el rey: mas de espacio os quiero oír sobre todo; venga fray Juan con vos y un criado el que señalaredes; y apartándose de la demás gente y dexando sus hachas se fue gran trecho de alli á una parte del Maydan, no le acompañando mas de Sara Coja, el secretario mayor de Estado, y Yucef Aga, guarda mayor del árame, yendo con el Enbaxador fray Juan Thadeo y Domingo Rodríguez, interprete natural de Ormuz.
Apeóse el rey sin auer quien le tuuiese el cauallo, y sentóse en el suelo de la plaza, mandando que se sentase junto á él el Enbaxador y enfrente Sara Coja, fray Juan y el interprete, quedando como seis pasos á las espaldas del rey, Jugef Aga, en pie con su arco, flechas y cimitarra. Alli boluio á repetir el todo gusto y queria que de su parte le pidiese todo aquello que quisiese, porque le tenia en lugar de padre, y esto con mucha afabilidad y buena gracia, muy diferente de como en Casbin le auia oydo. Viendo el Enbaxador esta buena ocasión, le propuso muy de espacio lo tocante á la guerra con el Turco, diziendole la grande ocasión que entonces se le offrecia de cobrar lo que aquel enemigo común auia usurpado del inperio de Persia, despojando á su abuelo Xa Thamas de la Assiria y Mesopotamia, porque la fama sola de la grande armada marítima que se aprestaua en Italia, España y Francia, aunque después no saliese cierta, auia de diuertir y tener con gran cuydado á los turcos, mayormente hallándose entonces diuididos en la eleccion de su principe y variando en admitir la sugesion del muchacho Osman, ó de Mostafa su tio. Y que qualquiera diferencia que sobre este caso naciese entre ellos bastaua para por lo menos poder ganar á Bagadad, ciudad tan poco afecta á los turcos, y que ansi por esto como por caerle tan cerca de sus confines fuera cosa facil en aquella ocasión boluerla á incorporar en su dominio, y que mirase que no sienpre las tales ocasiones se hallauan aunque se procurasen y buscasen, no offreciendolas el tienpo tan aproposito como entonces. Auia conocido en el rey el Enbaxador, desdel principio que sobre esta materia le habló, notable auersion á la guerra del Turco, por las razones que atrás se an rreferido, y ansi aunque entonces hizo demostración de estar atento á lo que se le dezia, atajó esta platica rrespondiendo fríamente á ella y dizíendo que si los principes cristianos mouiesen poderosamente sus armas por Europa contra el Turco, que él con el poder que tuviese las movería tanbien por Asia hasta ganar á Hierusalen, la qual les entregaría luego; y con esta tan breue y vulgar rrespuesta acabó la materia con el ordinario tema suyo de que le auian dexado solo sin acudirle en el peligro de la guerra, antes en aquella sazón el Enperador auia hecho pazes con sus enemigos, añadiendo á esto las jatanсias que otras vezes, de que debía á su espada, ayudándole Dios á gracia, el auer domado y vencido á los turcos, cobrando lo que á su padre le auian antes vsurpado.
Pasó luego el Enbaxador á los dos casos particulares que auia en Casbin y por cartas á Farabat, tratado con él, sobre no admitir los ingleses, ni otros estranjeros, y que rrestituyese á Baharen, Queyxome y Comoran, que en diferentes tienpos auia ocupado del reyno de Ormuz. Y aunque oyó esta materia el año pasado en Casbin, como ya se a dicho, tan inpacientemente, entonces la escuchó con quieto y apazible senblante, rrespondiendo á esto postrero que al rey de España su ermano no le inportaua nada que el poseyese aquellas islas y fortalezas, ó que las tuuiese el rey de Ormuz, pues siendo anbos mahometanos, el otro era Suní y por esto de ley mas enemiga de los francos que la suya. Paresció al Enbaxador, y con rrazon, rrespuesta muy de burla esta, pero aunque estaua ya antes muy cierto de no poder efectuar sobre ello con el rey nada, pues jamás los reyes rrestituyen lo vsurpado de otros si alguna urgente necesidad no les fuerza á hazerlo, le rreplicó que el rey de Ormuz era vasallo del rey de España su señor, y que Su Alteza era amigo y confederado, y como tal devia rrestituir lo ageno. Y aunque el Enbaxador le habló tan libremente, no mostró alteración, ni boluio á rreplicar mas sino que mahometano por mahometano él era mucho mejor que el rey de Ormuz, entremetiendo luego otras palabras fuera de la intención de lo que se trataua, cosa que él vsaua sienpre quando derechamente no queria rresponder ni conceder nada en lo que se le proponía.
En lo tocante á los ingleses mostró bien quan alcanzado de rrazon se hallava, pues nunca rrespondio á ello por mucho que de industria el Enbaxador, tres ó quatro vezes le rreplicó aquella noche sobre aquella materia, barajando el rey lo que se le dezi vltimamente, viéndose atajado, con dezir grandes alabanzas de la humanidad de Cristo y de la pureza de Nuestra Señora.
Y auiendose gastado en esta audiencia casi dos oras, el rey boluio á offrecer al Enbaxador que mirase si quería pedir de su parte alguna otra cosa, á lo que le rrespondio que ninguna otra le suplicaua sino las provisiones para poderse partir á Ormuz dentro de tres ó quatro dias, y licencia para que los unos religiosos y los otros pudiesen labrar sus conuentos en Spahan, encomendándoselos de su parte á Su Alteza como cosa de que tanto gustarla á su rey. El de Persia le rrespondio que aquello quedaua muy á su cargo y que pidiese otra cosa si le pareciese, y el Enbaxador le rrespondio que no otra sino que le despachase luego. Y con esto, leuantandose el rey y mandando el Enbaxador al interprete, tendiendo el brazo, que le ayudase á leuantar, el rey le asió por él con anbas manos y le leuantó y abrazó, llamándole padre y diziendo que sienpre seria grande amigo. El Enbaxador, por este fauor que particularmente le hazia á su persona, se baxó y le besó la mano, cosa que nunca hasta entonces auia hecho, y boluiendole el rey á abrazar se despidió del, y con los dos que le aconpañauan tomó su cauallo y se fue, haziendo lo mesmo el Enbaxador auiendo llamado á sus criados y se fue á su posada.
Fue cosa muy de notar que estando en el Maydan tanta gente aquella noche ninguna persona llegó á la parte, con gran trecho, donde el rey y el Enbaxador pararon, estando todo aquel espacio tan solo que aunque se hablara muy alto nadie pudiera oirlo, viéndose la multitud de onbres y cauallos muy apiñada en el rresto de la plaza, hazia la puerta del árame por donde el rey auia de boluer.
Súpose otro dia auer dado alli en público audiencia á los demás enbaxadores, á cauallo como se hallaron, que fue breue y sumariamente, diziendo muy enojado y á bozes al Chaus del Turco, que le pedia boluiese la prouincia de Siruan, que ni una piedra le daria de todo lo que él auia ganado.

(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VII, pp. 405 – 411)

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